Dos cerebros afectados por demencias, dos respuestas a la música.

Dos cerebros afectados por demencias, dos respuestas a la música.

En personas con demencia, la música se usa cada vez más: hay programas, listas de reproducción personalizadas y sesiones de musicoterapia, con resultados modestos pero positivos. Lo que aún no se conoce totalmente es por qué funciona y si funciona igual en todas las demencias. Un equipo del Alzheimer Center Amsterdam ha intentado responder a esta pregunta y su estudio se ha publicado en la revista Brain Communications (van ‘t Hooft et al., 2026) con interesantes resultados, aportando un poco de luz al respecto. Este estudio no evalúa ninguna intervención musical, sino en cómo responde el cerebro a la música en cada una de las diferentes demencias.

Dos demencias, dos puntos de partida

Aunque se agrupen bajo la misma palabra, la enfermedad de Alzheimer y la demencia frontotemporal, variante conductual, no son lo mismo. El Alzheimer afecta sobre todo a la memoria. La demencia frontotemporal cambia la personalidad y el comportamiento social, y daña con especial fuerza la red cerebral «de saliencia», que determina qué importa, cuánto nos afecta y si debemos reaccionar. Esta red, tiene una participación muy activa durante la escucha musical, pues detecta los cambios estructurales e imprevistos de la música y traduce las respuestas corporales fisiológicas en una experiencia emocional consciente. De ahí la hipótesis de los investigadores: si la red de la saliencia está dañada, la música debería procesarse de forma distinta en la demencia frontotemporal, y bastante menos alterada en el Alzheimer.

El experimento

Es un estudio transversal pues compara a personas con distinto grado de gravedad y diferentes tipos de demencia, en un único momento. La muestra estaba formada por 60 personas con edades entre 52 y 81 años: 13 de ellas con demencia frontotemporal, 22 con Alzheimer y 25 sin demencia.

Cada participante eligió su canción favorita, de la que se seleccionaron 10 segundos, normalmente el estribillo. Una vez situados dentro del escáner de resonancia magnética funcional, escucharon de forma aleatoria distintos fragmentos musicales, su canción, una pieza tranquila pero desconocida (música libre de derechos, de ánimo positivo y poco cambiante) y silencio. Se les pidió que escucharan atentamente con los ojos abiertos, mirando una cruz, y se observaron las zonas cerebrales que se activaban en cada situación.

Diagrama resumen

Las escalas utilizadas, en ambos casos, fueron la Mini-Mental State Examination (MMSE ) en las personas con Alzheimer, y la Residual Sensory Music Scale (RSMS ), en las personas con demencia frontotemporal. Son escalas de sensibilidad socioemocional que responden los cuidadores aunque no son totalmente equivalentes.

Resultados

La música favorita activa más cerebro que la desconocida, en los tres grupos. Es una buena noticia: también con demencia, la canción que nos gusta involucra más redes que una melodía cualquiera. Eso sí, en la demencia frontotemporal la respuesta fue menos extensa.

En la demencia frontotemporal, se apaga una zona clave: el área motora suplementaria. Es una región relacionada con la memoria musical, con las ganas de cantar o de moverse al ritmo de la música, así como con algunos procesos sociales y emocionales. Al comparar la canción favorita con la desconocida, esta región se activaba más con la favorita en las personas sanas y en las de Alzheimer, pero no en las de demencia frontotemporal. Para los autores, esto podría explicar por qué la música se vive de otro modo en esta enfermedad.

En las personas con Alzheimer, se activa el circuito del placer incluso con música desconocida. El núcleo caudado, una zona del sistema de recompensa musical, respondió ante la obra musical neutra solo en las personas con Alzheimer, y lo mismo ocurrió con una región del tronco del encéfalo (donde se encuentran el locus coeruleus y los núcleos del rafe) implicada en la activación y el arousal. La interpretación de los autores es que podrían tener una reactividad emocional mayor ante cualquier estímulo musical. Esto explicaría además que la diferencia entre su canción favorita y la desconocida fuera menor que en los otros grupos.

La respuesta a la música se relaciona con la gravedad de la enfermedad. En la demencia frontotemporal, cuanto mayor era la afectación (medida a través de la escala RSMS), menos se activaban áreas clave de la red de saliencia, como la ínsula anterior y el cingulado anterior, además del área motora suplementaria. En el Alzheimer, cuanto menor era la puntuación cognitiva (MMSE), menos se activaban regiones de otra red, la red por defecto, como el precúneo, la corteza prefrontal ventromedial y el hipocampo.

Al tratarse de un estudio transversal, no puede afirmarse que la respuesta cambie con el tiempo, pero sugiere que la música podría llegar a servir como indicador de la progresión de cada enfermedad, algo que deberá confirmarse con estudios longitudinales.

¿Y qué significa esto en la práctica?

Los autores destacan que las listas de reproducción personalizadas parecen una buena base para intervenciones que se puedan aplicar a gran escala, porque la música favorita fue la que activó más redes en los tres grupos.

También apuntan a una idea que hay que comprobar: la música podría tener más efecto en el Alzheimer que en la demencia frontotemporal. Es una hipótesis para futuros estudios, no una conclusión.

Prudencia

Como en cualquier estudio, hay limitaciones que conviene tener presentes:

Muestra pequeña. El grupo de demencia frontotemporal es de solo 13 personas.

Umbrales estadísticos poco estrictos. Los autores reconocen que hacen falta estudios que los repliquen.

Posible sesgo de selección. Siete de los pacientes con demencia frontotemporal mostraban una afición desmedida por la música (musicofilia), lo que puede no ser representativo de todas las personas con esta enfermedad. Según los autores, este sesgo podría incluso haber reducido las diferencias reales entre grupos.

Grupo control. No estaba formado por personas «sanas puras»: tenían quejas subjetivas de memoria, aunque sin alteraciones en las pruebas neuropsicológicas ni marcadores de Alzheimer.

Conclusión

La música no actúa igual en todos los cerebros, ni siquiera entre distintas afectaciones por demencias. Personalizar el repertorio musical sigue siendo una buena idea, pero este estudio sugiere que el tipo de demencia también debería tenerse en cuenta al diseñar y evaluar una intervención musical. Todavía queda mucho por confirmar, pero la dirección es prometedora.

Referencia: van ‘t Hooft, J. J., van der Zwaag, W., Wink, A. M., Barkhof, F., Schaefer, R. S., Warren, J. D., Pijnenburg, Y. A. L., & Tijms, B. M. (2026). Music processing in behavioural variant frontotemporal dementia and Alzheimer’s disease: A functional MRI study. Brain Communications, 8, fcag196. https://doi.org/10.1093/braincomms/fcag196

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