
05 Oct ¿La voz puede detectar el parkinson?
En el año 2008, coincidiendo con la publicación de mi primer libro sobre “música y neurociencia” (cuyo titular asocié con musicoterapia), me incorporé como profesor colaborador en el máster de Musicoterapia que ofrecía la Universidad Pompeu Fabra (hoy en día en la ESMUC). La materia ofrecida era “el sonido” y sus efectos. Más adelante, en el año 2011, se me requirió para colaborar en el máster de Musicoterapia de la Universidad de Barcelona. En este caso, además de impartir clases sobre “el sonido y sus efectos” inicié unas sesiones sobre neurociencia. Me sorprendió que, en ambos programas, dichas materias (sonido y neurociencia) no estuvieran explícitamente incorporadas en los programas académicos, pues los consideraba fundamentales para saber cómo nos afecta la música y los cambios experimentados en todas nuestras dimensiones. Sin dichos conocimientos, dificílmente puede comprenderse cómo actúa científicamente la musicoterapia y los beneficios que se derivan de ella. Años más tarde, la Fundación de la Universidad de Girona, en su programa de Musicoterapia, ya me contrató específicamente para impartir varias sesiones sobre sonido, neurociencia e investigación, a las que pude dedicar un número adecuado de horas.
Recuerdo que una de las preguntas de los alumnos era: ¿Por qué tengo que saber qué es físicamente el sonido? ¿De qué me sirve? Mi respuesta inmediata era que si el musicoterapeuta es un profesional que trabaja con música, lo lógico es que conozca “de qué está formada la música (sonidos)” y, por tanto, de sus características físicas, cómo se genera y cómo se representa e interpreta gráficamente. Y, en las clases, les mostraba ejemplos de investigaciones realizadas en distintos países en los que aparecían “espectros”, “sonogramas”, así como citas relativas a tonos de frecuencias, tipos de ruidos, niveles de decibelios (dB)… A partir de allí, era más fácil que se dieran cuenta de la necesidad de adquirir esa base de conocimientos técnicos.
La voz y el Parkinson
Una reciente noticia, me ha hecho recordar lo expuesto anteriormente y creo que es un buen ejemplo que aporta validación y valor a la conveniencia del conocimiento del sonido (y la información que sus parámetros pueden aportar sobre nuestra salud/enfermedad) para un profesional musicoterapeuta.
La noticia anuncia que Matthew Shen, un estudiante canadiense de tan sólo 16 años ha descubierto un método de diagnóstico precoz del Parkinson, a partir del análisis de las características de la voz, en particular las relacionadas con los aspectos acústicos y de modulación del habla. Aunque la investigación en este campo ya lleva un tiempo, lo que destaca Matthew es que las características acústicas y de modulación del habla pueden servir como biomarcadores precisos para detectar los primeros signos de la enfermedad.
El sistema que Matthew ha desarrollado, con la ayuda de la Inteligencia Artificial (IA), es todo un reto:
- Analiza parámetros de la voz que reflejan cambios sutiles en el tono y la modulación asociados al Parkinson.
- Utiliza modelos de aprendizaje profundo (redes neuronales) combinados con métodos de explicación de decisiones (SHAP), lo que no solo ofrece un diagnóstico, sino que también explica qué características de la voz son las que lo detectan.
- Logra una precisión superior al 91% en la detección de signos tempranos mediante grabaciones simples y rápidas.
¡Y lo mejor! Es una herramienta no invasiva, económica y fácil de usar, ideal para el seguimiento en clínicas, centros de salud e incluso en el propio hogar.
No hay duda en que la IA, está revolucionando los campos de conocimiento y, entre ellos, el de la medicina. Es una potente herramienta para analizar datos complejos que permite acelerar los diagnósticos, prometiendo una era de tratamientos más personalizados y efectivos. Eso sí, es imprescindible y necesario que su uso esté regulado para que sea ético y cauteloso.

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