
09 Jul Música y estados alterados de conciencia
La música es un estímulo que nos afecta de una manera muy poderosa, pues es capaz de modular nuestros ritmos biológicos afectando a todas nuestras dimensiones: fisiológica, neurológica, cognitiva, social, conductual y espiritual.
Quienes han experimentado un festival de música electrónica lo saben, pues suelen describir que se disuelve la noción del tiempo, aparece una sensación de conexión con los demás casi física, y a veces incluso algo que roza con lo espiritual.
Es evidente que el ritmo constante de la música tiene algo que ver. Al fin y al cabo, la percusión sostenida lleva induciendo estados de trance en rituales chamánicos de culturas muy distintas desde hace siglos. Y, hoy en día, se sabe que el neurotransmisor anandamida (endocannabinoide endógeno producido por nuestro cerebro) liberado por el movimiento prolongado (baile, jogging…) contribuye a ello.
Un reciente estudio, sobre los efectos de la sincronización cerebral con el pulso musical, lo ha realizado el grupo de neurociencia cognitiva de la Universidad de Barcelona (Aparicio-Terrés, López-Mochales, Díaz-Andreu y Escera).
Sincronizarse con el pulso
El cerebro es un sistema bioeléctrico dinámico compuesto por miles de millones de neuronas (aproximadamente 86.000 millones) que se comunican mediante impulsos eléctricos, generando las conocidas ondas cerebrales.
Cuando nos exponemos a un estímulo acústico periódico y repetitivo (como el beat constante de la música electrónica, un tambor, o un metrónomo), el cerebro tiende a acoplar su propia actividad eléctrica al ritmo externo. A este fenómeno físico-biológico se le denomina arrastre neuronal o entrainment. Las poblaciones de neuronas empiezan a disparar de forma coordinada, exactamente a la misma frecuencia que el estímulo que están percibiendo, logrando una sincronización perfecta.
Este mecanismo, es el que más se ha propuesto para explicar por qué la estimulación rítmica repetitiva —el tambor chamánico, la música electrónica— puede facilitar un estado alterado de conciencia (EAC).
El experimento
Los autores/as del estudio reclutaron a 19 voluntarios, la mayoría sin formación musical, y les hicieron escuchar fragmentos de un minuto de música electrónica a tres tempos 99, 135 y 171 bpm (beats per minute) equivalentes a 1,65 Hz, 2,25 Hz y 2,85 Hz. Se eligieron dichas frecuencias porque estudios previos ya habían mostrado que el arrastre a estímulos auditivos repetitivos alcanza su punto máximo alrededor de 2 Hz (120 bpm). Dichas frecuencias se corresponden con la actividad cerebral de las ondas delta (0,5 Hz – 4 Hz) asociadas con estados de sueño profundo, meditación de alto nivel y procesos de integración de información no consciente.
Mientras escuchaban dichos fragmentos musicales, se registró su actividad cerebral mediante EEG. También, después de cada escucha, realizaron una tarea de tiempo de reacción, una tarea de inhibición de respuesta, y valoraban su experiencia subjetiva con el cuestionario 11D-ASC en tres dimensiones: sensación de unidad, experiencia espiritual y descorporización. Este cuestionario es una herramienta psicométrica validada científicamente diseñada para evaluar y cuantificar de manera subjetiva las alteraciones en la conciencia, siendo ampliamente utilizado en investigaciones sobre experiencias psicodélicas, estados de trance e hipnosis.
Resultados
El fenómeno del arrastre se identifica principalmente en las regiones frontocentrales del córtex que albergan, entre otras, la corteza auditiva secundaria (encargada de procesar patrones musicales complejos y estructuras rítmicas) y las cortezas motora y premotora (responsables de la planificación y ejecución del movimiento). Sabemos que el cerebro humano no es un mero receptor pasivo de música sino un órgano predictivo. Al activarse la sincronización en la zona frontocentral, se crea un puente directo entre la audición y el movimiento. Ello permite explicar por qué el cuerpo «pide» moverse al ritmo de la música, facilitando además esa dilución del «yo» y la cohesión social cuando un grupo de personas sincroniza sus cerebros bajo el mismo patrón rítmico en una pista de baile. En resumen, la música electrónica con estructuras repetitivas a tempos específicos actúa como un «marcapasos» para nuestras neuronas, hackeando el sistema sensoriomotor y alterando sutilmente nuestro estado de conciencia de manera segura y medible.
Los resultados indicaron que el arrastre neuronal fue mayor con la música a 1,65 Hz que con la de 2,85 Hz, tanto en la sincronización global como a lo largo de todo el fragmento. Lo curioso es que el tempo intermedio, 2,25 Hz —el más cercano en teoría a ese óptimo de 2 Hz— no mostró un arrastre superior al de la frecuencia más lenta. Y en el plano subjetivo, los participantes sintieron más unidad al escuchar la música a 1,65 Hz que a 2,85 Hz, en la misma dirección que la sincronización cerebral. Sin embargo, ni el tiempo de reacción ni la capacidad de inhibición cambiaron de forma general con el tempo, y no se halló relación directa entre el arrastre y las puntuaciones subjetivas de EAC.
Donde sí aparece algo interesante es al particularizar en cada participante. Se observó que cuanta más diferencia de arrastre había entre dos tempos, mayor era también la diferencia en su tiempo de reacción y en sus respuestas de inhibición. Es decir, cada cerebro parece reaccionar a su manera: en algunas personas, sincronizarse más con el ritmo se traduce en respuestas más rápidas; en otras, en respuestas más lentas. Probablemente hay rasgos individuales —la formación musical, entre ellos— modulando esta relación, aunque la muestra era demasiado pequeña para confirmarlo.
Lo que esto significa (y lo que no)
Los resultados indican que las asociaciones entre arrastre y conducta, aunque significativas, son débiles. Este estudio no demuestra que el arrastre «cause» un trance en sentido pleno, ni que poner música a 99 bpm garantice una experiencia mística. Lo que aporta es la evidencia experimental directa de que el grado de sincronización cerebral con el ritmo de la música electrónica está relacionado con indicadores objetivos y subjetivos vinculados a los EAC, algo que hasta ahora solo se sugería de forma especulativa a partir de rituales de trance.
Este trabajo une dos campos interesantes: la neurociencia de la percepción rítmica y el estudio de los estados alterados de conciencia. Al usar música electrónica real, y no clics artificiales, y al medir a la vez el cerebro y la experiencia vivida, abre una vía para entender algo muy humano: por qué, desde el chamanismo hasta la pista de baile, hemos vuelto una y otra vez al ritmo repetitivo como puerta hacia otros estados de la mente.
Entender esta sincronización neuronal podría abrir puertas para futuras terapias en trastornos de la conciencia.
Basado en: Aparicio-Terrés, R., López-Mochales, S., Díaz-Andreu, M. & Escera, C. «Evaluación de la relación entre el arrastre neuronal y los estados alterados de conciencia inducidos por la música electrónica.» (bioRxiv, preprint no revisado por pares).

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