¿Puede reproducirse la música a partir de su representación neuronal?

La noticia publicada esta mañana, con relación a la transcripción de una canción a partir de los registros cerebrales por investigadores de la universidad de Berkeley, me ha recordado una investigación, a cuya presentación pude asistir, en el Congreso Internacional de Percepción y Cognición Musical, celebrado en California en el año 2016. En ella, el doctor Christian Mikutta, de la universidad de Berna (Suiza) mostró cómo mediante la electrocorticografía (implantación de electrodos directamente en el cerebro de la persona) había grabado unos fragmentos musicales imaginados por el paciente. Luego, reprodujo dichos fragmentos comparándolos con los audios originales, con el asombro de todos los asistentes al comprobar que eran muy similares.

En este enlace puedes consultar las investigaciones que publico en el año 2016 el Dr. Christian Mikutta con relación a la decodificación de los pensamientos.

En la noticia de hoy , cuya investigación ha estado liderada por Ludovic Bellier, del Instituto de Neurociencia Helen Wills de la Universidad de California, la canción «Another Brick in the Wall, Part 1» de Pink Floyd, no es imaginada por los pacientes sino que se corresponde con los registros cerebrales efectuados durante su escucha. Con relación al caso anterior, es lógico pensar que la calidad de su reproducción debe ser más fiel a la original, pues es difícil imaginarse con gran precisión todos los matices de una obra musical.

En los siguientes enlaces, puedes escuchar dos audios: primero, el original de la canción; el siguiente es una de sus posibles reconstrucciones a partir de la información neuronal. En el artículo original podrás escuchar otras opciones.

Un aporte interesante, de este reciente estudio, es que de los 2.600 implantes utilizados para medir la actividad cerebral de los pacientes (por la misma técnica de electrocorticografía), tan solo 347 se activaban para registrar la música, y se ubicaban en tres regiones: la circunvolución temporal superior (dónde está la corteza auditiva), la corteza motora y la circunvolución frontal inferior.

La pregunta que subyace a esta y otras investigaciones similares y, de ahí la necesidad de la regulación ética sobre los avances de la neurociencia es la que se plantea en un futuro casi inmediato, sobre la posibilidad real de la lectura de nuestros pensamientos. En determinadas situaciones (personas en estado de coma o similar) podrá ser beneficioso, siempre que se esté autorizado para ello, pero en otros muchos casos sería una grave agresión a la privacidad. El tiempo dirá…

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