¿Puede tratarse la depresión mediante la activación de las ondas cerebrales gamma?

¿Qué relación existe entre las áreas cerebrales que procesan los olores y las emociones? Esta es la pregunta que intenta resolver el equipo de investigadores de la Escuela de Medicina Grossman de las Universidades de Nueva York y Szeged (Hungría).

Se sabe que las neuronas se comunican entre ellas a través de pequeños impulsos eléctricos (potenciales de acción). Cuando, mediante un electroencefalograma, en los distintos sensores se capta la actividad simultánea de millones de neuronas, dicha información, a través de filtros puede ser descompuesta en patrones de frecuencias conocidas como las ondas cerebrales (alfa, beta, theta, delta y gamma).

La existencia de ondas gamma se atribuye a distintos procesos: estados de alta concentración, estados de percepción consciente …, y en este estudio, se analiza su posible relación con las emociones y los estados de ansiedad y depresión.

El citado equipo de investigación observó que suprimiendo dichas ondas gamma en áreas cercanas al bulbo olfativo de los roedores se inducían comportamientos similares a la depresión en las personas, y no únicamente durante la intervención sino también en los días posteriores. Y, cuando restauraron de nuevo dichas señales, los roedores volvían a su comportamiento normal.

Según cita el Dr. Antal Berényi, uno de los autores del artículo y profesor asistente adjunto en el Departamento de Neurociencia y Fisiología de NYU Langone Health “… este estudio abre las puertas a un uso potencial de tratamiento de la ansiedad y depresión en aquellos casos en que los medicamentos no sean efectivos…”

Para medir el estado de ansiedad y depresión en los roedores, los investigadores se basaban en la observación de su comportamiento: cuánto tiempo permanecían en un espacio abierto (una medida de ansiedad), si dejaban de nadar antes cuando estaban sumergidos en el agua (mide la desesperación), si dejaban de beber agua azucarada (disfrutaban menos de las cosas) y/o si se negaban a entrar en un laberinto (para evitar situaciones estresantes).

«Nadie sabe todavía cómo los patrones de activación de las ondas gamma se convierten en emociones», dice el autor principal del estudio, György Buzsáki, MD, PhD, profesor Biggs en el Departamento de Neurociencia y Fisiología de NYU Langone Health y miembro de la facultad en el Instituto de Neurociencia.

Un nuevo reto para la neurociencia. Aquí puedes leer el estudio original.

Fotografía: Paola Chaaya

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