
08 Ene SENTIR EL SONIDO: EL CEREBRO Y EL PROCESAMIENTO DE VIBRACIONES MECÁNICAS
En mi obra Terapia de sonido, ¿ciencia o dogma?, (agotada, pero quizás puedan encontrarse ejemplares en algunas librerías), relataba la participación de los mecanorreceptores situados bajo la piel, corpúsculos Pacini, que son sensibles a las vibraciones mecánicas de determinadas frecuencias (100Hz-300 Hz) y su posible contribución a la disminución de la percepción de dolor por el mecanismo conocido como “puerta de dolor”. Era una posible explicación a las sensaciones que experimentaban ciertas personas cuando se sometían a técnicas de terapia de sonido, por ejemplo, mediante cuencos tibetanos que se hacían vibrar, situados en contacto con su cuerpo y distribuidos a lo largo de los puntos energéticos conocidos como “chakras” así como en las manos y próximos a los pies.
En una reciente investigación, de la Harvard Medical School, realizada en ratones (quizás podría extrapolarse con precaución a las personas) el área conocida como colículo inferior (situado en el mesencáfalo, parte superior del tronco encefálico), está también involucrada en el procesamiento de las vibraciones mecánicas detectadas por los citados mecanorreceptores. Hasta ahora, esta área es conocida por su importante contribución al procesamiento de la información acústica transportada por el VIII par craneal (interviene en su localización espacial).
Los experimentos del equipo de investigación revelan que las vibraciones mecánicas captadas por los corpúsculos de Pacini, no se canalizan exclusivamente hacia la corteza somatosensorial (la zona del cerebro donde se procesan las sensaciones corporales), sino que se dirigen principalmente desde el cuerpo al colículo inferior, lo cual era totalmente desconocido. También se observó que sus neuronas respondían mejor a la estimulación táctil-auditiva combinada que a cualquiera de ellas por separado. Esta integración de información de sonido y de tacto en el colículo inferior del mesencéfalo, podría explicar que la experiencia sensorial en un concierto en directo, sea más enriquecedora y profunda.
“Este hallazgo contradice la visión canónica de dónde y cómo se procesa la sensación táctil en el cerebro”, según cita el autor principal del estudio David Ginty, presidente del Departamento de Neurobiología en la citada universidad. «Encontramos que una región en el colículo inferior del mesencéfalo procesa vibraciones, ya sean vibraciones en forma de ondas sonoras que actúan sobre el oído interno o vibraciones mecánicas que actúan sobre la piel. Cuando las señales de vibración auditiva y mecánica convergen en esta región del cerebro, amplifican la experiencia sensorial, haciéndola más destacada”.
“Los dispositivos que transforman los sonidos en vibraciones táctiles dentro del rango de frecuencia de Pacini podrían proporcionar a las personas una mayor capacidad para percibir y experimentar el sonido”, afirma Ginty . “Estos dispositivos podrían colocarse alrededor del cuerpo y muy cerca de las neuronas de Pacini para permitir vibraciones mecánicas evocadas por el sonido de diferentes frecuencias en las manos, los brazos, los pies, las piernas y el cuerpo”. Estos dispositivos ya existen, desde hace unos pocos años en el mercado, en forma de mochilas, por ejemplo, el subpac.
En conclusión, esta investigación pone en relevancia el papel de los corpúsculos de Pacini como un componente vital del sistema somatosensorial. “La evolución ha colocado estos receptores en diferentes lugares del reino animal para adaptarse a diferentes entornos”, comenta la autora principal del estudio, Erica Huey, investigadora del Laboratorio Ginty. “En los humanos, estos receptores se encuentran en las profundidades de la piel de las yemas de los dedos y de los pies, mientras que los elefantes, por ejemplo, tienen una alta concentración en las almohadillas de sus patas y la trompa”. Se supone que a través de ellos, los elefantes son capaces de detectar pequeñas vibraciones sísmicas.
En definitiva, esta investigación muestra la falta de conocimiento que aún existe sobre cómo se perciben y procesan estímulos externos, en este caso, las vibraciones acústicas. No cabe duda de que el cerebro continúa siendo un apasionante tema de investigación y estudio con un horizonte muy lejano, aún, para alcanzar un conocimiento exacto de su funcionamiento.

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