
28 Oct Un viaje sonoro con Vibronáutica
Hace unos pocos días me contactó Guillem, de Vibronaútica, invitándome a conocer el equipo que había diseñado y patentado para experimentar un viaje sonoro.
La idea me atrajo, así que fui a su encuentro y estuvimos conversando sobre la vibroacústica y sus efectos. Al poco, se incorporó Raquel, una compañera de su equipo, profesora de yoga, y nos dirigimos a una habitación en la que había dos colchonetas, con varios arneses equipados con pequeños altavoces. El cableado se conectaba a un equipo (amplificador, mezclador) que también alimentaba a unos auriculares.

Después de recibir unos consejos iniciales (mantener una respiración pausada, intentar no pensar en nada) me ofrecieron la posibilidad de hacer el “viaje” solo o acompañado con ellos. Esto implicaba que irían situando por el cuerpo pequeños altavoces extra. mientras supervisaban y controlaban que todo se desarrollara adecuadamente. Al comenzar, estirado en la camilla y con los arneses ya incorporados, me pusieron una venda en los ojos y los auriculares, para que estuviera totalmente centrado en la estimulación acústica y háptica durante un periodo de unos 35 minutos aproximadamente.
No comentaré lo que escuché, porque es digno de experimentarse, pero sí las sensaciones que tuve al “regresar” del viaje:
- Una gran relajación: mi respiración se volvió cada vez más pausada y lenta.
- No tuve tiempo para “pensar” pues los sonidos, fragmentos musicales y vibraciones en distintas partes de mi cuerpo, me invitaban a compartir ese espacio en exclusiva con ellos.
- El tiempo me pasó “volando”….No creí haber estado 35’-40’ absorto en dicha experiencia.
- Las vibraciones las sentía en las plantas de los pies, en las palmas de las manos, en los distintos chakras y en la nuca. No de forma continua, ni con la misma potencia, pues dependía del fragmento sonoro-musical.
- Al terminar la experiencia, es conveniente estar unos minutos tocando “tierra”, pues te encuentras muy liviano, como si pesaras menos, de forma parecida a cuando recibes un buen masaje sedante, que es en realidad lo que experimenté, pero complementado con toda la parte sonora-musical.
- Esta sensación de calma sigue por la noche, pues no me costó conciliar el sueño y dormí de un tirón sin interrupciones.
Los efectos que experimenté pueden explicarse científicamente pues la estimulación musical simultánea con la háptica, técnica conocida como vibroacústica, modula la integración sensorial, que influye positivamente en el tono muscular, la regulación del sistema nervioso autónomo y el estado emocional y cognitivo. Todo ello puede aportar diversos beneficios:
- Reducción de la percepción de dolor, por mecanismos de modulación de las vías de dolor a nivel espinal y central, dada la activación y respuesta de los mecanorreceptores (corpúsculos de Paccini) situados bajo la piel y sensibles a la vibración.
- Disminución de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial, por activación del sistema nervioso parasimpático, reduciéndose también el estrés fisiológico, y posiblemente los niveles de cortisol. La respiración abdominal pausada que se adquiere durante la sesión también estimula el nervio vago (sistema parasimpático) que actúa disminuyendo la tasa cardíaca.
- Mejora de la conciencia corporal, por la estimulación propioceptora producida por la estimulación háptica.
- Mejora del estado de ánimo, por la liberación de neurotransmisores (serotonina, dopamina) y de endorfinas. La escucha de sonidos y música agradable ayuda a la liberación de estos neurotransmisores.
- Mejora de la calidad del sueño, por lo menos el día de la sesión, debido a la relajación inducida y los cambios bioquímicos generados.
- Por otra parte, al mantener los ojos cerrados, la actividad cerebral alfa aumenta (8 Hz-12 Hz) y disminuye la beta (13 Hz – 30 Hz) propia de un estado de alerta, lo que es indicativo de un estado de víspera tranquilo, asociado con la relajación y calma mental. Está claro que esta actividad cerebral puede ser modificada según sea la estimulación sonora musical.
Recuerdo que, en el año 1999, se publicó una investigación de los Institutos Nacionales de Salud americanos (NHT) en el que se experimentó con unos sillones vibratorios y escucha de música, con un grupo de personas con diversas dolencias y edades. En una única sesión, de 40’, todos los síntomas que presentaban dichas personas se redujeron a la mitad.
Hay que recordar, también, los estudios que publicó Olav Skille (fallecido en 2022), conocido como el padre de la vibroacústica ( con quien llegué a tener contacto por correo electrónico), disciplina que actualmente se investiga en la universidad de Jyväskylä (Helsinki).
Le comenté a Guillem que sería todo un hito que los Centros de Atención Primaria (CAP) dispusieran de estos equipos para aquellas personas con problemas de ansiedad y estrés. El coste que podría suponer la adquisición de este equipo junto con la dedicación del profesional terapeuta, no supondría ningún dispendio a la sanidad pública, y si paralelamente se analizara la posible reducción de coste farmacéutico, seguramente podría confirmarse su viabilidad. ¿Llegará ese día? Tengamos esperanza…
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