
24 Ene EL SILENCIO
El silencio forma parte de la música, cierto. Son breves espacios temporales que ayudan a crear el ritmo para dar sentido a cada una de las frases melódicas que conforman la obra musical. Pero, este post no trata sobre el silencio musical, sino el que ocasiona la ausencia de estímulos.
¿Te has preguntado alguna vez cómo nos comportamos frente al “silencio”? ¿Has tenido alguna experiencia al respecto? Es curioso, hay situaciones en las que lo deseamos, lo necesitamos para recuperar el equilibrio perdido ante la saturación de estímulos que recibimos constantemente. Sin embargo, cuando es un silencio prolongado (y no estamos habituados a ello) podemos experimentar una sensación de malestar, de incomodidad e incluso de miedo.
Si en alguna ocasión, has estado en entornos de privación sensorial y/o cámaras anecoicas (utilizadas en ingeniería de sonido) posiblemente habrás sentido cierta angustia por la sensación de incertidumbre y soledad experimentada.
Las cámaras anecoicas son espacios diseñados para impedir que penetren ruidos del exterior, e interiormente están recubiertas con materiales absorbentes para que las vibraciones acústicas generadas en su interior no se reflejen. Son utilizadas para mediciones de micrófonos, altavoces, etc. Al no producirse reflexiones sonoras, los sonidos internos de nuestro cuerpo, como el latido del corazón, movimiento de los ojos, incluso contracciones musculares, se vuelven muy perceptibles y las sensaciones personales ante dichas percepciones, nada habituales, son muy extrañas. En casos extremos, permanecer en su interior durante horas, podría conducir a la locura.

Hay tesis que indican que los seres humanos evolucionaron para encontrar alarmante el silencio absoluto. De hecho, para los animales sociales, las vocalizaciones y el movimiento, ¡son señales de que todo está bien! Tan pronto como se presenta una situación potencialmente peligrosa, como un depredador, los miembros de la manada o del grupo se quedan paralizados y en silencio. En esas circunstancias, el silencio intenso, es una señal de peligro.
La sensación de incomodidad que se experimenta con el silencio, el sonido incómodo del silencio, puede ser la razón por la que muchos estudiantes prefieren estudiar con música, en una cafetería o en otro espacio público, aunque en otras ocasiones, el silencio nos permite focalizar la atención.
Conviene buscar el equilibrio que cada uno necesita: podemos relajarnos con música, con sonidos de la naturaleza o simplemente con silencio. Y, podemos estresarnos con música y también con periodos largos de silencio.
Confucio decía que “el silencio es un gran amigo; nunca te traiciona”, pero hay que saber utilizarlo. La clave está en encontrar un equilibrio y en ser conscientes de cómo nos afecta personalmente.

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