INTERVENCIONES MUSICALES PARA EL PARKINSON

INTERVENCIONES MUSICALES PARA EL PARKINSON

En la enfermedad de Parkinson, las personas experimentan problemas en la marcha, tales como la congelación del movimiento y dificultades para mantener un ritmo regular al caminar. La marcha, en estos individuos, a menudo se caracteriza por una disminución en la longitud del paso y una velocidad reducida. Las alteraciones rítmicas en la marcha son evidentes, pues existe dificultad para sincronizar los movimientos con un ritmo regular, lo cual ocasiona problemas de equilibrio y riesgo de caídas.

Al margen de las intervenciones quirúrgicas y farmacológicas, existen terapias complementarias que utilizan estrategias musicales basadas en estímulos sonoros rítmicos, tales como el de un metrónomo, o música con un ritmo marcado. Desde finales de la década de los 90, estas técnicas utilizadas por la musicoterapia neurológica han observado buenos resultados en la mejora de la marcha, que resulta más coordinada, a la vez que se consigue aumentar la velocidad y la longitud del paso.

La enfermedad del Parkinson involucra alteraciones en la red neuronal subcortical-cortical que subyace a la percepción del ritmo y a la predicción temporal. Comprender cómo se ve afectada la predicción temporal puede ayudar a diseñar intervenciones que fortalezcan esta habilidad.

Fundamentos neurocientíficos que explican cómo la escucha de estímulos sonoros rítmicos actúa sobre los mecanismos motores de la marcha

Citemos los más importantes:  

1. Sincronización y automatización: La percepción de una señal rítmica, con un patrón temporal regular, ayuda a sincronizar los movimientos ya que facilita su automatización. Así, el cerebro y el sistema motor se enfocan en la ejecución del movimiento en vez de la planificación consciente de cada acción.

2. Predicción temporal: La capacidad de predecir cuándo ocurrirá un evento (un paso, por ejemplo) es fundamental para el control motor. Las señales rítmicas proporcionan un marco temporal que permite al cerebro anticipar y coordinar los movimientos. La teoría de la predicción temporal indica que el cerebro utiliza patrones rítmicos para prever y ajustar los movimientos de manera más eficiente.

3. Activación de circuitos neuronales: La exposición a estímulos rítmicos activa circuitos neuronales específicos en el cerebro que están involucrados en el control motor y la percepción del ritmo. Estos circuitos incluyen áreas como los ganglios basales y la corteza motora. La estimulación rítmica mejora la comunicación entre estas áreas, facilitando un mejor control motor.

4. Reducción de la variabilidad del movimiento: Las señales rítmicas ayudan a reducir la variabilidad en los movimientos proporcionando un mejor rendimiento motor y una mayor estabilidad en la ejecución de tareas motoras.

En resumen, la percepción de señales rítmicas puede mejorar el movimiento de las extremidades a través de la sincronización, la predicción temporal y la activación de circuitos neuronales específicos.

¿Y, cómo es posible que con carencia de dopamina, esencial en la coordinación motora, pueda rehabilitarse el movimiento?

El cerebro puede suplir dicha carencia a través de distintos mecanismos:

1.Redundancia en circuitos neuronales: Aunque la dopamina juega un papel crucial en el control motor, el cerebro tiene múltiples circuitos y mecanismos que pueden compensar la falta de dopamina. La percepción de señales rítmicas puede activar circuitos alternativos en el cerebro que facilitan el control motor, incluso en condiciones de déficit dopaminérgico.

2.Entrenamiento y plasticidad neuronal: La práctica con señales rítmicas puede fomentar la plasticidad neuronal, lo que significa que el cerebro puede adaptarse y reorganizarse para mejorar el control motor. Esto puede incluir el fortalecimiento de conexiones neuronales en circuitos que no dependen de la dopamina, permitiendo que los movimientos se realicen de manera más efectiva.

3.Interacción con otros neurotransmisores: Aunque la dopamina es fundamental, otros neurotransmisores, como la serotonina y la norepinefrina, también juegan un papel en el control motor y pueden ser modulados por la percepción rítmica.

En síntesis, la ejecución de movimientos correctos en respuesta a señales sonoras rítmicas, a pesar de la falta de dopamina, se puede atribuir a la activación de circuitos neuronales alternativos, a la plasticidad neuronal y a la intervención de otros neurotransmisores asociados. Estos mecanismos permiten que los pacientes con enfermedad de Parkinson utilicen estrategias compensatorias para mejorar su control motor, incluso en condiciones de déficit dopaminérgico.

Referencia: Rhythmic processes in stuttering and parkinson’s disease.

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