
24 Ene La escucha del silencio
Solemos pensar en el silencio como una «ausencia», como un hueco o vacio donde no hay ninguna información acústica. Pero para tu cerebro, el silencio es un evento activo.
La clave está en nuestra corteza auditiva. Durante décadas se creía que las neuronas auditivas solo se activaban cuando llegaba una información sonora. SIn embargo, investigaciones recientes han demostrado que existen neuronas específicas de la corteza auditiva que se activan. precisamente. ante la falta de estímulo. Cuando esto sucede, estas neuronas interpretan esa ausencia o pausa como una señal relevante. Es lo que se conoce como la percepción del silencio.
En un estudio de la Universidad Johns Hopkins, se observó que el cerebro procesa el silencio usando los mismos mecanismos cognitivos que usa para los sonidos. Por eso, un «silencio repentino» nos sitúa en estado de alerta tanto o más que un portazo inesperado.
Las emisiones otoacústicas
Una experiencia interesante es la que se produce en el interior de una cámara anecoica, espacio utilizado en los laboratorios de acústica para mediciones de micrófonos y altavoces. Es un recinto diseñado para que no exista reflexión del sonido: el suelo, las paredes y el techo están construidos con materiales que absorben totalmente la energía de las ondas acústicas.
No sé si alguna vez has estado en su interior. Permanecer unos minutos allí es lo más parecido a escuchar el «silencio» absoluto, lo cual produce una sensación de angustia en muchas personas. Dadas sus características acústicas, es un lugar en el que puedes escuchar tus «propios ruidos internos» (corazón, circulación sanguínea, movimientos musculares o el roce del aire en los pulmones), sonidos que, en la actividad diaria, son enmascarados por las vibraciones del entorno y no somos conscientes de ellos.
Incluso, se puede llegar a escuchar el «sonido» que emite una persona próxima debido a sus emisiones otoacústicas. Estas son vibraciones generadas por la información nerviosa de la vía auditiva eferente que induce movimiento en las células ciliadas externas de la cóclea; este movimiento ocasiona la vibración del tímpano y genera débiles vibraciones acústicas que, en dicha situación de silencio absoluto, pueden llegar a escucharse si estamos próximos a lla.
Los pediatras las conocen bien ,pues las evalúan y miden en los bebés recién nacidos para detectar la «respuesta» ante un sonido y asegurarse de que el sistema auditivo, en su conjunto, funciona correctamente.
Conclusiones
El silencio no es el vacío; es simplemente el escenario donde nuestro sistema auditivo se vuelve más sensible que nunca. Escuchar la «nada» es, paradójicamente, una de las pruebas más claras de lo increíblemente afinado que está nuestro cerebro para detectar cualquier cambio en el entorno.

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