
08 Abr ¿Puede el aprendizaje musical mejorar la atención?
La música ha sido parte de la humanidad durante siglos, no solo como una fuente de placer, sino como una herramienta de conexión social. Sin embargo, una pregunta ha fascinado a los científicos durante décadas: ¿puede el entrenamiento musical formal hacernos más inteligentes o mejorar nuestras capacidades cognitivas? Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Granada y la Universidad McMaster aporta pruebas sobre cómo la práctica musical moldea nuestra atención.
La atención es la función cognitiva que selecciona estímulos relevantes y filtra la información, enfocando la conciencia en una tarea. Cuando esa atención puede mantenerse durante períodos prolongados, se denomina atención sostenida o vigilancia.
El citado estudio, de tipo transversal (por lo tanto correlacional), examinó si las personas que participan en formación musical a largo plazo muestran una atención y vigilancia superiores en comparación con controles emparejados sin dicha formación.
Los participantes, 268 niños y jóvenes, de 8 a 34 años, fueron seleccionados a partir de dos muestras (por edad) y divididas en músicos y no músicos. Para asegurar, en la medida de lo posible, que los resultados se debieran a la música y no a otros factores, los grupos fueron emparejados y homogeneizados en variables como el nivel socioeconómico, el ejercicio físico, el bilingüismo e incluso rasgos de personalidad.
El rendimiento atencional se evaluó utilizando el ANTI-Vea, una tarea computarizada diseñada y validada para medir diferentes tipos de atención.

Resultados
El estudio reveló que los participantes con formación musical superaron a los no músicos en varios aspectos fundamentales:
• Mayor velocidad de respuesta: Los músicos fueron, en promedio, 36 milisegundos más rápidos en las tareas de atención en todas las edades.
• Menos lapsus de atención: Se detectaron menos fallos de respuesta o «desconexiones» en las tareas de vigilancia, lo que sugiere una mayor capacidad para sostener el esfuerzo mental.
• Efecto de «dosis»: Mientras que algunas ventajas aparecieron desde edades tempranas (efecto umbral), otras, como el control ejecutivo y la sensibilidad, se hicieron más pronunciadas con el paso de los años y la acumulación de práctica.
¿Es la música la causa?
Dado que es un estudio transversal y no longitudinal, no puede atribuirse la causalidad. Sin embargo, los autores indican que las diferencias observadas podrían ser un signo de neuroplasticidad, donde el aprendizaje complejo de un instrumento (leer partituras, coordinar movimientos y escuchar a otros) entrena funciones cognitivas generales. No obstante, no se puede descartar totalmente un sesgo de selección: es posible que las personas con mejor atención tengan más probabilidades de elegir y persistir en el estudio de la música.
Conclusión
Este estudio subraya que la formación musical es una actividad intelectualmente exigente que puede fomentar habilidades cognitivas de dominio general.
Más allá de la mejora en la atención, la música sigue siendo valiosa por su capacidad de proporcionar placer y enriquecer nuestras vidas.

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